Ese olor a culo trabajado de puta vieja,
esas manos folladas por tanta vejez mal llevada,
esos ojos de templada soberbia...
ese hablar voluptuoso y esa sonrisa tibia...
¡Cómo me calientan esas cosas!
Si el sexo tuviera nombre, sería el tuyo.
No desisto de creer que llegarás a ser mia,
aunque sé que eres adicta a la plata fácil
y que ya es costumbre para ti limpiar
fluidos ajenos desde las cavidades peorolientes
de tu tan servicial cuerpo.
Eres un orgasmo andante.
Es difícil imaginar al verte
que tu humanidad alguna vez poseyó
una extension ahora vuelta cicatriz,
que tu pecho sinuoso cargó un vello manto
y que tu voz no era de un grave sensual
sino una evidencia más
de tus ya extintas gónadas.
Tanto te deseo para mi solo
que gozaría volviendo atrás,
hasta el momento en que te despojaste de tu virilidad
y me lanzaría al suelo
a recoger y lamer
esas aun palpitantes carnes,
con cuya extirpación tanto placer para mí comenzó.
Otra vez me veo ahora,
esperando el momento de la fantasía,
el instante en que dejas de ser de otros para ser sólo mia,
en que me sonríes hacia atrás
con cara de pulseada embestida.