martes, 29 de diciembre de 2009

Rito de Lujuria

Me llamas desde tu altar oscuro,
desde la llama negra,
desde lo más profundo
de tu suspiro.
Aparezco negro como tu noche,
fuerte y potente,
tiemblas ante mi presencia
pero el miedo en tu semblante
no se refleja.

Dime: ¿Qué quieres, muchacha
inconsciente?
El sentir es saber,
y ahora sientes el calor,
ahora sientes mis manos que
acarician tu piel desnuda,
ahora sientes mi infernal calor,
ahora sientes como te despojo
de tu oscura túnica,
ahora nota con tus manos
mi pasión.
Escucha la potencia de mi amor,
mi bífida lengua
habla muchos idiomas,
pero para expresar mí deseo
no necesito palabras,
solo con mi cuerpo
te pido lo que quiero.
Entiéndeme tu a mí,
muchacha inocente,
si sabes
lo que te conviene.
Aférrate a este carnal
instrumento,
abraza con tu cuerpo,
este miembro viril,
deja que te penetre
mi fiera naturaleza,
pues la lujuria y el placer
son baldosas amarillas
en el camino a mi reino.

Te abrazo fuertemente
y te elevo como al cáliz,
pues eres el lugar donde
verteré mi vino,
copa de carne.
Suculento goce
eres para mí,
muchacha hermosa.

Mis tenebrosas alas
te envuelven, el orgasmo en
conjunto nos llega.
¡Bésame, te lo ordeno!
Ahora se derraman los goces,
ahora los jadeos se relajan, pero
mi abrazo, se hace más fuerte.
Dormida te dejo, acostada en la
alfombra, envuelta en mi
oscura sombra.

Y vuelvo a mi lugar para
contemplarte desde arriba
desde mi altar oscuro,
a tu lugar sombrío.

Ya es verano

El cielo se vuelve generoso y compasivo con aquellos a los que meses antes no les tuvo compasión. La gente perdona fácil. Agua y niños son amigos de nuevo, danzan, se chapotean, olvidan las viejas discusiones mudas y los barriales tras la puerta. Quedan en el olvido esas noches en vela por el ruido de las goteras y, por otro lado, el viento es tan bien recibido que casi se le permitiría esta vez llevarse el techo con tal de refrescar los interiores.
Cuatro estaciones alcanzan para perdonar y reconciliarse, para regenerar las heridas de la vergüenza y entrar en un oasis anímico de sabidas consecuencias.
Es común ver por estos días a gente que se desprende de su dignidad tán rápido como de su ropa, viejas asquerosas mostrando los perniles y poniéndolos al sol, como si así se les fuera a evaporar el sebo.
También es común descubrir que la vecina quinceañera se ha vuelto exuberante y que sus hombros ya no protegen su naciente adultez, echándose ahora orgullosos hacia atrás, como invitando a las pupilas a contraerse en sus juveniles destellos.
Grandiosos son los veranos, aunque hagan extrañar al invierno, aunque aumenten los olores, aunque las erecciones sean más difíciles de ocultar, aunque la sangre estorbe en las sienes, aunque sepamos que no son para siempre, aunque pique más todo.
Me gusta el verano.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Cavilaciones

¿Qué celebra usted esta Navidad?
No parece que habláramos de lo mismo cuando veo a una familia llegando de la Misa del Gallo al tiempo que escucho el jolgorio tropical de otra que no espera las 12 para reventar los parlantes en una danza que trepidará hasta que el sol espante las almas.
Claro, podrán decirme que son diferentes formas de compartir con los seres queridos.
Pero, yo les diría que en este caso, más que nunca, la forma debe ser absolutamente fiel al fondo, puesto que la Navidad es una fiesta naciente de la adherencia a un credo, es decir, sólo para adherentes.
Ahora, podrán decirme que la fiesta se masificó tanto que ya es una tradición cultural más que religiosa.
Les diría yo entonces que lo que se masificó no fue la fiesta sino los adherentes al credo que en ésta se celebra.

Es tanto lo que puedo decir y tan poco lo que mi escasa valentía me permite.

Diré entonces cosas correspondientes a un segundo proceso mental, partiendo de la idea de que esto también es desigualdad y que, tomando eso como premisa, podríamos decir que la desigualdad es hija de la ignorancia (de no saber qué estoy celebrando, en este caso).
Para argumentarlo diré que, de no haberse considerado, erróneamente, que los hombres de raza negra no eran humanos (entre muchos otros motivos del mismo plano y sin excluír otras opciones como abuso de poder aún sin dudar de la humanidad de los morenos), no hubiese existido la esclavitud y sin ella la pobreza de muchos países del mundo actual.

ESTO ES LO QUE SE CELEBRA EN NAVIDAD, CARAJO!

Se celebra el hecho de que, aún concientes de que somos diferentes, existió alguien en la historia que nos mostró que la igualdad nace del espíritu y que es ésto lo que debemos nutrir y educar.

Si usted no cree eso, no celebre; si tiene ganas de carretear, hágalo otro día; si quiere revolucionar el mall, no se excuse en esta fecha. No sea imbécil y reflexione antes de actuar.

Triste es que no tenga ganas de exponer cada punto de mi idea, quizás porque sé que a nadie le va a importar y que, si a alguien le importa, poco lograré con interesarlo.
Triste es que detecto cosas y no sé que hacer después.
El mundo me deprime bastante, paradojalmente, porque somos todos tan distintos y somos tantos... tantos que necesito más de 12 discípulos... y ni siquiera me creo digno de tenerlos... más que todo porque las reacciones del resto me hacen creer que no lo soy, a pesar de creer tener razón.

El parlante tras mi casa sigue resonando, haciendo ver a mi pesebre como el hijo ñoño de la familia de rugbistas.
Ni comprensión ni respeto.

Gozaría de un interesado que fuese mi interlocutor en una tertulia despreocupada por el paso de las horas.

La famosa "Escuela de lo Imposible" quiere reabrir sus puertas.

Hasta aquí dejo la lectura rápida de la más revolucionaria de las ideas de las que pueda yo tener esperanza de exponer valientemente.
Quien dude que me pregunte.

PD: escribo esto desde la más ofendida de las objetividades, es decir, si hay algo en lo que creo es en la veracidad de éstas palabras. El que quiera puede irse a la soberana Chucha de su Madre, sí, con mayúscula. Y si hablo poco es por falta de auditores.