
Voltea a ver tus huellas,
siempre habrá alguna que no podrás reconocer.
Has cambiado hombre, has cambiado,
más contemplador que contemplable,
saciado de amores,
ansioso de nostalgias.
Lejos amaneció, cerca oscurecerá,
en tu lecho contemplarás si de bienes has de contar,
mas tus huellas no podras borrar,
pues tras hacerlas
la tierra suelta ya se dejó soplar
y polvo alguno jamás atraparás,
excepto el de tu amante,
que lloras sólo en ella de pensar.
Dérmicos surcos, longevas privaciones,
no pudiste tu camino asfaltar,
te prometo,
ahora nada te habrá de faltar,
porque, cual abeja,
el polvo de huellas polen cargó
y en la flor más bella
tu mas fiel reflejo sembró.
Te propongo que viajemos,
que junto a los mares adoremos,
y soñemos,
que de punta en punta podemos pasar
sobre los sigilosos corazones
de aquellas hermanadas montañas,
que, como Dios, vieron nuestros días comenzar.